No es que me conozcas bien
por ser especial, por espontaneidad.
Conoces las reacciones más comunes
que expresan ideas y emociones,
esos rasgos característicos
que no podemos ocultar a los místicos.
Has aprendido el fino arte de leer
todas esas trivialidades.
¿Que soy yo, entonces, para ti?
¡Un libro más de tantos que lees!
Un libro abierto que, amante del mundo,
comparte contigo sus secretos.
¿Cuantas veces has hallado libros más gruesos,
más prometedores y me has dejado para luego?
Y una vez saciada tu sed de conocimiento,
vuelves a mi, a leerme.
¿Qué puedo hacer entonces?
¡No puedo negarme!
Y cuando de nuevo me abandones:
¡Seré un libro más de tantos que lees!
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